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EL LLANTO DEL BEBÉ: ¿La solución es que deje de llorar?

Cómo Acompasar su llanto

Cuando mis hijos eran bebés y lloraban me creaban una sensación de no control, sobre todo con el primero. Qué le pasará, porqué llorará, estará bien… cuanto más  nerviosa me ponía, él más lloraba. Mi mayor objetivo era que dejara de llorar. Hasta que entendí que el llanto era parte de su lenguaje, y por mucho que lo quisiera yo parar, él seguiría, y además para él era necesario. Recuerdo el cogerlo y moverlo de un lado a otro, y cuanto más rápido le movía mejor funcionaba, mientras con la voz hacía un sonido indeterminado sin ningún sentido, 😂😂 ahora viéndolo desde la distancia me da risa, pero he de reconocer que en ese momento, como primeriza y joven estaba más perdida que un pato en un garaje).

Recuerdo que hablando de este tema en una clase de mamás con bebés, poniendo conciencia en cómo acompañaban a sus bebés con el llanto, una de ellas se dio cuenta de que la palabra que repetía a su bebé sin parar cuando lloraba era: “no no no no no “. Otra decía que ponía la televisión o la música a tope mientras lo movía sin parar. Querían que el llanto se acabase.

Todas en ocasiones hemos hecho cosas “extrañas”, con la mejor intención y con mucho amor.

Como ya os comenté en la primera entrada del blog, “Méceme” viene del verbo mecer, y para mí el significado que tiene, a lo que me lleva, es a contener, mover y cantar. 3 palabras: arropar, balancear y nana. Estuvimos hablando de la importancia del balanceo. Y quería compartir con vosotr@s la magia de unir los tres estímulos sensoriales.

Normalmente tomamos al bebé en brazos, nos balanceamos y le cantamos para que el bebé se duerma, y otras muchas veces para que el bebé deje de llorar.

En una sesión en Méceme

El llanto es algo normal en un bebé, y gracias al llanto podemos saber lo que necesita. Puede ser una situación estresante para los padres pero poco a poco iremos conociendo el llanto sabiendo cuál es su necesidad (hambre, sueño, dolor…).

El llanto es su forma de comunicación, de expresión. El bebé no tiene todavía la capacidad de poder comunicarse de forma verbal.

Tendremos que observar, con qué parámetros se expresa el bebé: uno es la voz, y la voz como llanto; además, cuando el bebé llora se mueve, de modo que observaremos su cuerpo, sus movimientos. Nunca veremos a un bebé que llora y su cuerpo se quede quieto.  Por último, tendremos en cuenta su respiración, puesto que con el llanto su respiración también cambia y se modifica.

El llanto no sólo aparece cuando el bebé necesita la satisfacción de sus necesidades básicas. Según diferentes estudios (aquí os comparto un estudio bastante completo sobre el llanto del bebé), también es necesario para recuperarse del estrés. Cuando es así, es importante que pensemos de no  tratar de acunarlo para que cese su llanto sino que lo haremos para acompañarlo en ese proceso, con la intención de estar con él, y así poco a poco podremos conectar y llegar juntos a la calma de forma natural.

Os quiero dar un sencillo consejo para poder vivir con tu bebé, que os ayudará a conectar y a ir hacia la calma de forma natural. Al tomar a tu bebé en brazos, de forma inconsciente nos movemos, nos balanceamos, acunamos. Puede que os haya ocurrido que el bebé se haya quedado dormido y nosotros sigamos en movimiento.

El consejo que os quiero dar es para que podáis llegar a sincronizar, conectar, escuchar, para estar de ser a ser, de alma a alma. Sin palabras.

El poder vivir los tres estímulos de forma individual nos puede ayudar para calmar el llanto del bebé.

Contener y Arropar

Podemos ofrecerle al bebé una posición cerrada, arropándolo con un arrullo, una muselina, para que se sienta seguro. Pues, como siempre digo, hay que ofrecerle todo lo que haya vivido, sentido y experimentado dentro de la tripita de la mamá, y la posición cerrada con límites de su cuerpo lo ha vivido durante el embarazo. Con la muselina le ofreceremos esos límites corporales.

Movimiento

La posición cerrada  puede ser en brazos, pero otra manera puede ser poner al bebé arropado, acostado en una mantita. Entones, lo balancearemos, con los tres movimientos naturales  (sobre esto hablé en la primera entrada: ¿Por qué Méceme?).

Nana

Cantarle, susurrarle, en definitiva, el uso de la la voz,  sobre todo la voz de la madre, tiene un poder mágico.

Así pues, arropar, balancear y cantar. Lo ideal es combinar los tres estímulos. Y, si lo pensamos, lo hacemos de forma completamente natural. Vamos a ir un poquito más allá.

En este momento, como he comentado más arriba, habrá que escuchar el llanto, el movimiento y su respiración.

Podemos ver que el llanto de cada bebé es diferente. Hay llantos con un timbre más agudo o más grave, con un tempo más rápido o más lento.

Observaremos el movimiento, más o menos agitado. Y por último la respiración.

Podemos comenzar a respirar a su velocidad, y movernos al ritmo de su respiración. Imitaremos su llanto, su tempo y su timbre, sintonizaremos con su lenguaje. Aprovechamos que los bebés son capaces de asimilar automáticamente esquemas sonoros. Imitaremos esa forma de expresión (llanto), estando al mismo nivel,  y a partir de ahí tomaremos la línea melódica e iremos modulando, acompasando y acompañando, improvisando vocalmente hasta llegar a un ritmo más lento, una tesitura más grave, bajando poco a poco el movimiento, la respiración y el canto, convirtiendo su llanto en una bellísima melodía.

Quiero apuntar que para ello no es necesario para nada saber música, ni tener buena voz, ni afinar ni nada relacionado con ello. Es sólo conexión, mirada, tú y el bebé, para quien tu voz es la más bonita del mundo. Aprovechémoslo.

No tenemos que ser padres perfectos, solo necesitamos estar allí cuando nuestros hijos quieran expresar cómo se sienten, tengan la edad que tengan.

Aún cuando a mi hija de 8 años le cuesta dormir, o está preocupada por algo, o no se encuentra bien, o porque necesita estar cerquita, me pide: “Mamá, cántame una canción”. Y yo, sentada, la cojo en mi regazo, y la balanceo acompasadamente de delante a atrás de delante a atrás mientras le canto su canción. Y ese momento es nuestro.

Todo esto lo desarrollamos y lo ponemos en práctica en las sesiones presenciales o en los talleres online.

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Cu cú!

En esta entrada del nuevo blog quiero compartir con vosotros quién soy y cuál es mi labor.

Desde pequeña he sido una niña soñadora, en mi mundo mágico podía volar y descubrir mil mundos. Sensible y observadora, de mirada fija. Intrépida y decidida. Amada y y agradecida. Me gusta estar con mi gente, la naturaleza, mi sonido preferido: cerrar los ojos y escuchar el aleteo de una bandada de pájaros.

Me dedico a orientar a familias y educadores a descubrir el desarrollo natural de los bebés y niños a través de la música y el cuerpo.  Y a  ayudar y acompañar a los niñ@s y personas que se encuentran en los últimos momentos de su vida.

Bueno, allá voy…  soy Ana Isabel Ripa.

Me crié en Épila, un pueblo cercano a Zaragoza. Y actualmente vivo en Teruel.

Soy madre de un niño de 12 años, Juan,  una niña de 8  años, Iris, y un bebé mariposa.

Ellos son los responsables de que estés leyendo estas líneas.

GRACIAS A MIS HIJOS LE DÍ UN SENTIDO A LA MÚSICA

Desde pequeña la música estaba dentro de mi hogar. Mi madre era un pájaro cantor en nuestra casa, mi padre nos bailaba encima de él, su despertar era siempre cantando, y mi abuelo nos solfeaba los pasodobles… mi re mi faaa…. 

Todo ello hizo que hubiera un despertar de la música dentro de mí, que la música fuera mi medio de vida, mi forma de hablar. 

Así que, después de muchos kilómetros de viajes para recibir clases, cursos y unos cuantos miles de horas de trabajo, pasé de la Banda de Música de mi pueblo al Conservatorio Superior de Música de Aragón.

Los dos últimos años de la carrera estaba en mi momento más emprendedor (así terminé… con casi diez kilos menos que ahora y una lesión crónica en el brazo).

Me encontraba con tres frentes abiertos. Por una parte, terminando estudios en el Conservatorio Superior de Música, por otro lado, me especialicé en Barcelona en el Método Willems, método del aprendizaje de la música en la primera infancia, de la mano de J. Chapuis. discípulo de E. Willems. 

[Cuanto amor desprendía Jacques Chapuis hacia la música y los niños, aún recuerdo aquel gran hombre francés de ochenta y muchos… qué suerte de poder hacer música junto a él.] 

Fue una etapa de grandes descubrimientos, y mi tercer frente surgió de uno de ellos. En Zaragoza ofrecieron, en 2006 y por primera vez, un curso de Musicoterapia, así que ahí estaba yo. En aquel fin de semana escuché por vez primera la palabra Musicoterapia. Ese mismo año en la Universidad de Zaragoza ofrecieron el Postgrado de Musicoterapia y, entusiasmada, me embarqué en él. 

En el postgrado se despertaron mis dos grandes pasiones, aunque en aquel momento no lo sabía. Sólo eran impulsos, inercias. Quería, por un lado, acompañar y ayudar a las personas que se encuentran en sus últimos días y, por otro lado, a los recién nacidos. 

En ese momento creía que la entrada y la salida de este mundo era procesos diferentes, pero pasados los años, y después de toda la experiencia vivida, acompañando las necesidades de ambos, me doy cuenta de sus semejanzas (…sobre esto ya os contaré en otra entrada del blog).

Las prácticas del postgrado fueron de lo más raro. A mis 26 años, acabábamos de venir a vivir a Teruel y yo, embarazada de mi primer hijo, me planté en el mostrador de la planta de pediatría del Hospital Obispo Polanco, a ofrecer mis prácticas en la unidad cuidados intensivos neonatales. Cuál fue mi sorpresa cuando me dijeron que no había ese servicio (y todavía no lo han conseguido). Así que, adaptándome a las pocas largas estancias que me podía ofrecer el hospital, acabé con mi panza de 5 meses en la planta de pediatría y en la planta de agudos psiquiátricos. Hay que reconocer que de todo se aprende. 

A partir de ahí son muchas las  formaciones que he realizado en diferentes disciplinas y de forma interdisciplinar, de nuevo ligando el principio y el final de la vida: Canto Prenatal y Musicoterapia Focal Obstétrica (embarazo); Educación Musical Temprana (Método Gordon: la línea italiana -Música in Culla- con Beth Bolton y Paola Anselmi, y la línea americana con Marisa Pérez). Mirando al final de la vida: “Entrainmet”, técnica musicoterapeútica para el dolor físico  y Musicoterapia Neurológica con Sarah Johnson y Dª Wendy L. Magee.

Pasado un tiempo, después de todas estas formaciones, me decidí por hacer en Valencia el Máster en Musicoterapia, en el que pude aprender muchísimo del proyecto fín de máster que realicé en la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital San José de Teruel, llevando a cabo un estudio piloto. 

A partir de ahí continué mi andadura en el Hospital San José en Cuidados Paliativos, con un equipo mágico, donde sigo acompañando a las personas y sus familias en sus últimos momentos.

Por entonces mi formación se orientó hacia la primera infancia. Hasta ese momento sentía que tenía recursos para acompañar a las familias a nivel musical, pero cuanto más trabajaba con bebés y niños más sentía que tenía que acompañar desde una visión global. Por ello estudié el Máster en Atención Temprana, y cuanto más leía, más comprendía la necesidad de ir al origen, de entender qué ocurre a nivel neuronal, qué sucede en el cerebro de los bebés y los niños. Y resuelvo esa necesidad formándome  en Reflejos Primitivos, a través de la Terapia de Movimientos Rítmicos, BRMT (Blomberg Rhythmic Movement Training®).

Así, el estudio del cerebro me llevó a estudiar el movimiento, el cuerpo y el desarrollo desde una perspectiva global. Y todo ello me conduce a una nueva formación: Psicomotricista Vivencial  – Relacional (Psicopraxis). 

Actualmente trabajo haciendo sesiones individuales y grupales con mujeres embarazadas, familias con bebés y niños de 0 a 6 años con y sin dificultades. Especializada en el primer año de vida de los bebés. 

También desarrollo mi labor en la Unidad de Cuidados Paliativos (adultos) del Hospital San José de Teruel y en el Proyecto “Acompañando Ángeles”, en la Unidad de Cuidados Paliativos Pediátricos del Hospital Obispo Polanco de Teruel.

Como docente imparto cursos, talleres, seminarios, y soy profesora asociada en la Universidad de Zaragoza (Campus de Teruel) impartiendo  “Desarrollo de la Expresión Musical” en Magisterio Infantil. 

Todo ello conforma mi manera de entender el mundo: Música, Cerebro y Cuerpo. Mi leitmotiv y mi pasión,  acompañar a las personas en su entrada y salida de este mundo.

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Nuevos Balanceos

En tiempos de cambios se abren nuevos caminos.

Echo la vista atrás…

Y hoy, después de casi 9 años, 2 hijos más y una pandemia, reanudo mi blog.

 

 

“La mecedora de Méceme”

Balanceos

 

 

¿Por qué Méceme?

Méceme procede del verbo Mecer que significa “Mover algo compasadamente de un lado a otro sin que mude de lugar”.

Mecer, acunar, columpiar, balancear, mover.

Para mí mecer es contener, mover y cantar. 3 palabras: arropar, balancear y nana.

Méceme es Movimiento

El bebé se regula a través del movimiento, y su aprendizaje va a ser a través del movimiento. Desde el comienzo y de forma natural, cuando tenemos a un bebé en brazos, sin querer, de forma innata, nos balanceamos y mecemos con él.

Existen tres movimientos corporales naturales que el adulto realiza con el bebé en brazos que hacemos sin pensar. Movimientos que el bebé ha estado experimentando y viviendo en su vida intrauterina: hacia delante y hacia atrás, hacia los lados y arriba y abajo. Es por esta razón por la que el bebé, que ha estado viviendo el balanceo y el movimiento dentro de la tripita de mamá, una vez nacido se relaje y se sienta bien, con esta experiencia ya vivida.

A las mamás con los bebés recién nacidos siempre les comento que necesitamos saber qué es lo que el bebé ha vivido, sentido y experimentado dentro de la tripita para una vez nacido seguir ofrenciéndolo. De esta manera se sentirá más seguro y confiado, porque es algo que él ya conoce.

He comentado al principio que para mí Méceme son 3 palabras: arropar, balancear y nana. Hoy hablamos de balancear, y en otra entrada del blog explicaré cómo y porqué unir y acoplar las tres palabras juntas. Porque cuando vives la contención, el balanceo y el canto con tu bebé, creáis algo mágico.

Sigamos con el balanceo del bebé. Y ahora os hago una pregunta: cuando estabais o si estáis embarazadas, ¿cuándo, en qué momento del día sentís que se despierta el bebé y os da más patadas?

En mi caso, siempre era por la noche, cuando yo estaba en calma, cuando estaba recostada y me echaba para dormir. Pero cuando estaba en movimiento rara vez mi bebé estaba despierto.

Una vez que ha nacido el bebé, cuantas veces habremos escuchado, “Voy a echarlo al carro para que se duerma”, y movemos el carro de un lado a otro.

Es el movimiento.

Lo dormimos en brazos balanceándolo, meciéndole, y cuando lo vamos a acostar se vuelve a despertar. … oh my god!

Hay trucos 😉

Es interesante conocer el DESARROLLO CEREBRAL FETAL: cuando la mamá embarazada anda lo que hace es estimular el sentido vestibular del bebé. Por esta razón es recomendable el balanceo y el porteo una vez nacido.

El sentido vestibular se encuentra situado en el oído y se forma durante las primeras semanas de vida. Regula el sentido de movimiento y el equilibrio, el que nos permite situar nuestro cuerpo en el espacio, los desplazamientos y nuestro entorno. El que nos da la información de donde estoy y cómo me muevo.

Y volviendo a lo anterior, saber qué vive, siente y experimenta el bebé dentro, para poder ofrecérselo una vez fuera.

Ésta mecedora ha sido la mecedora de mi maternidad. Fue un gran regalo con mi primer hijo.

Después pasó a ser parte del lugar donde nació Méceme, hasta hace 3 años que me trasladé “a pie de calle”.

La verdad es que este lugar donde comencé con Méceme tenía magia… en otra entrada os contaré … ahora no! Que me enrollo