Cuidado paliativo

Tuve la suerte, ya hace 16 años, de estar presente en el momento de la muerte  de un ser querido , percibiendo el desgaste, los temblores, su respiración, su olor, la mirada perdida, la textura de su piel…  en ningún momento me separé, tenía necesidad de acompañarle, y aún sin saber nada de la muerte ni de “musicoterapia”, me acerqué para hablarle al oído, compartiendo lo mucho que le queríamos, nombrando a todos los que estábamos allí a su lado, le canté, le toqué, respiré con él  y estuve a su lado hasta su último aliento.

Y hace algo más de 12 años y casi 9 años vinieron a esta vida respectivamente mis dos primeros hijos. Sentir y experimentar  con ellos la entrada a esta vida, el nacer, hablarles, sentirnos cerca,  cantarles, tocarles, respirar con ellos.

He aprendido tanto de ambas experiencias…  y supongo que desde lo que nos atrae sin saber ni querer, desde lo que nos llama, es por eso que estoy aquí y me dedico a acompañar el principio y el final de la vida de las personas.

Vocacional, cuando te salen las cosas sin saber el porqué las has hecho y ni el cómo las has hecho, te surje y ya está.

Tanto en el momento de la muerte como en el de la vida hubo llanto, besos, abrazos, música, voz, miedo, amor, tensión, paz, cariño, magia…

Somos música, somos ritmo, somos melodía, somos silencio.

No hay un proceso de nacimiento igual, así como que no hay un proceso de muerte uniforme. Al igual que en el nacimiento, la muerte es imposible de prever y es un momento único para la persona que lo está experimentando y viviendo.

Y a partir de ese acompañamiento hacia la muerte,  en el que llevo  desde hace más de 5 años. Y el acompañamiento en el comienzo de la vida (acompañando a las más de 500 familias que han pasado por Méceme),  después de toda esta experiencia te das cuenta que acompañas de la misma forma y hacia las mismas necesidades.

Las necesidades de ambas son semejantes, pensemos qué hacemos con un bebé recién nacido para que se encuentre bien. A un bebé recién nacido, le abrazas, le tocas,  le miras, le acunas, le hablas, le cantas,  el bebé se mueve, utilizas tu voz.

Cuando acompaño a una persona que está en sus últimos días, observo sus movimientos, porque aunque estén encamados o sedados os puedo asegurar que hay mucho movimiento, muecas, espasmos, movimientos oculares, movimientos internos…

Escucho su voz, que normalmente no es hablada, sus lamentos. Su mirada, su gesto tanto facial como corporal. Y su respiración, si hay o no apneas, el ritmo de su respiración.

Hay incluso a veces que sin querer me veo meciendo la camilla, acunando a la persona.

Y con todo ello creo un banda sonora, de alguna manera sonorizar, acompasar todo con lo que se está expresando y comunicando.

Se puede hacer difícil visualizar esta imagen en el momento de la muerte.  Pero os  puedo asegurar que para mí resultan experiencias llenas de calma y paz. Hay veces que cuesta sincronizar con la persona, pero cuando llegas a sentir el poder estar en la misma onda todo fluye, no hay espacio, no hay tiempo.

Nuestra línea de la vida la podemos ver de forma lineal, yo pienso que no es así, que es como una circunferencia. Comienza y termina en el mismo punto, pues nacemos y morimos  con mismas necesidades.

En estos momentos, desempeño esta labor en la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital San José de Teruel con adultos.

Y en la planta de Pediatría del Hospital Obispo Polanco de Teruel en Cuidados Paliativos Pediátricos gracias a la rubia más simpática y cariñosa, su asociación “Martina es mi Ángel”,  es quien subvenciona este proyecto. 

Haciéndose un convenio con nuestra Asociación Latidos (Musicoterapia Hospitalaria en Aragón) y la Fundación Nacional “Porque Viven”.

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